La Siempre Sana Cleptomanía
Llegaba a mi casa con los bolsillos llenos de papeles, cables, bolitas, monedas, piedras y otras tantas nimiedades y solo era un niño de menos de 10 años. El valor que tenían esos objetos es incomprensible bajo una óptica de alguien más funcional, era simplemente un “pendejo cachurero”.
Ahora me doy cuenta que todavía llego a mi casa con piedras, metales raros, palos de madera, tornillos, la cuestión que ayuda a abrir una lata de bebida con un dedo, boletas, hojas y encendedores (aunque eso creo es un acto reflejo), y cuando voy al persa he llegado a mi casa también con objetos sin ninguna utilidad. Algunos de ellos se van al basurero, otros que sirven para recordar van de piquero a la billetera, otros se regalan y otros andan por ahí. Es un fenómeno al que le he puesto el nombre de coleccionista indeciso.
Alguna vez empecé a coleccionar “zapatillas de caballo”, herraduras. Llegué a tener varias, pero las fui regalando de la nada. Empecé a coleccionar caracolas, pero me duro poco, tengo dos. Coleccioné o colecciono lo que me llame la atención o me traiga recuerdo de algún momento particular. Lo último fue el álbum del mundial pero no lo completé porque me sentí estafado sin las láminas del equipo chileno. Creo que me dado cuenta que el verdadero valor de las colecciones es estar siempre incompletas y que todas mis fallidas colecciones son sólo una gran colección incompleta de “webadas”. A contar de hoy me declaro un orgulloso coleccionista frustrado para toda la vida. Ahí estarán mis libros, caracolas, pernos, fotos, ceniceros y cosas varias para el momento en que las quiera regalar porque lo mejor de tener este tipo de objetos es transferirles una historia. Cuando se regalan y tienen historia se trasciende de una estúpida y fugaz manera. Para mí es un camino de contemplación, además de una forma de sublimación de la cleptomanía. Es rendir tributo a los objetos que tienen cierta belleza. Sabemos que la memoria tiene como función principal olvidar, por eso olvidamos más de lo que recordamos, y por eso mismo es un ejercicio de pelea contra la memoria (olvido).
Creo que coleccionar es un fenómeno que ha existido desde siempre y que ahora de cierta manera, sin desaparecer su antigua forma material, en la acumulación de material virtual. ¿Cuántos de nosotros tenemos música que hemos escuchado sólo una vez, fotos que hemos ido guardando en una carpeta, videojuegos y hasta amigos virtuales a los que nunca hemos puesto atención? Puedo asegurar que tenemos todos enfermedades psíquicas en potencia, como la cleptomanía.

